lunes, junio 05, 2017

Que te diría

Son las ocho de la tarde, la puerta se cierra.
Ha acabado mi jornada laboral.
Perdonad, no os he dicho, soy psicologo, y tengo una consulta, a las ocho se va  mi último paciente.
Ordeno mis notas, y en ellas siempre encuentro la misma palabra "miedo", miedo a que el pasado sea mucho mejor que el futuro, miedo al desengaño, miedo a no ser quien espera la gente que sea, miedo a no creer en uno mismo.
Estamos llenos de miedos, y el peor de todos, es ese miedo al mismo miedo, que nos atenaza y no nos deja vivir el presente, disfrutar de las cosas.

Creo que el miedo es el arma más poderosa de la Tierra, ahora hay miedo a que unos locos religiosos cojan un auto y se lleven por delante a todo el que pillen, miedo a ir a un concierto, miedo a estar en una concentración y al final ese miedo nos llevará a encerrarnos, una vez más.

Pero yo no quería hablaros de esos miedos, que todos conocéis, entre mis últimos pacientes ha surgido una duda, quizás incluso otro miedo, que a mi me ha hecho pensar si yo también lo tengo, o mejor aún, ¿hemos pensado alguna vez en ello?, ¿estamos preparados para si sucediera?

No, sinceramente, no estamos preparados.

Y os preguntaréis que es, dejadme que os haga la pregunta pertinente "¿Qué  dirias si le volvieras a ver?, a él o a ella". Seguro que pensaréis en ex, pero la pregunta abarca mucho más, no solo a ex parejas, sino a seres queridos.
Le he dado muchas vueltas, ¿qué le diría si le volviera a ver?, que le diria a mi padre... y no lo sé, quizás me echaría a llorar, quizás solo le abrazaria, pensando en que estaría él pensando de como es mi vida. Y tú ¿que dirias?

Pienso que nos deberian preparar para ello, para estar listos cuando volvieramos a ver a esa persona, ¿qué le dirias tú a un amor pasado, a un amigo de la infancia?

¿que te diria a ti, papa, si te volveria a ver?
¿qué te diría, si te volviera a ver? ... a ti.

jueves, mayo 11, 2017

Vivir día a día

La oscuridad reinaba en aquella habitación, a pesar de que aún faltaba mucho tiempo para levantarse, ella tenía los ojos abiertos, como si fuese capaz de ver sin luz.

Sin embargo no veia nada, navegaba entre sus pensamientos, aquellos que le decían que su vida no era la que ella una vez de pequeña habia imaginado, ahora casi ya en los cuarenta se sentía cansada.
Un cansancio que provenía de todos esos frentes que tenía abiertos, su ex, alguien del que una vez estuvo enamorada y ahora es un extraño que se había convertido en un enemigo implacable,  varios trabajos con el que apenas llegaba a fin de mes, y un hijo al que educar.

¡Qué lejos estaba aquello, de lo que una vez soñó!

A sus años debería tener la vida resuelta, una hipoteca, alguien a quien esperar o que la esperase a ella al final del dia, y dos hijos como siempre había deseado.
Ahora en la oscuridad de su habitación, le gustaría acurrucarse con esa otra persona que habia conocido por casualidad, poder compartir su tiempo, su cama... y no era posible.

Él le habia dicho que añoraba su presencia, que le dolíaN sus ausencias, aunque las comprendiese, pero que al final se estaba acostumbrando a ellas.
Ella no podiá hacer más, su vida se perdía entre trabajo y trabajo, pasar todo el tiempo posible con su hijo, el mismo que  como hace un león marcósu territorio al sentirse amenazdo por otra presencia que pretendía llevarse el cariño y el amor de su madre,  eso él no podía permitirlo, era su madre, lo único que tenía y no quería compartirlo.
Ella no iba a hacer nada que menoscabara la felicidad de su hijo.

Había sido sincera desde el principio, incluso le había dicho que estaría mejor con otra persona que pudiera darle lo que ella no podía, y él simplemente, recordando lo que alguna vez le decía su madre, le contestaba "son como las lentejas, si quieres las comes y sino las dejas", yo he decidido comerlas.
Aún así ella sentía que él se estaba acostumbrando a su ausencia.

Encendió su móvil, buscó en la carpeta de fotos y abrió aquella en la que aparecían los dos, se quedó un rato mirándola, hasta que el sueño empezó a cerrar las cortinas de sus ojos, "vivir dia a dia, sólo día a día..." fue su último pensamiento antes de quedarse dormida

miércoles, mayo 10, 2017

Acostumbrarme a tu ausencia

Las primeras luces del alba, atraviesan las rendijas de la persiana y bailan sobre las sábanas anunciando un nuevo día.

Él estira el brazo intentando encontrarla, aún a sabiendas de que no está. Siente un ligero pinchazo en el pecho, antes, en otros amaneceres no muy lejanos sentía como su interior se rompía un poco más, ahora, de aquel dolor sólo queda un pinchazo en el pecho.


"No quiero", se dijo, pero en el fondo sentía que se estaba acostumbrado a su ausencia.
No era una ausencia total, y sin embargo cada vez eran más espaciados los días en los que se encontraban.


Él lo sabía, no había mentiras, ni medias verdades, lo tomaba así o no, era como las lentejas , como decía su madre "hoy,  lentejas o las comes o las dejas".

Se levantó de la cama y bajó del todo la persiana, las luces del alba dejaron de bailar en sus sábanas, cerró los ojos, estiró el brazo, y se dijo "no quiero acostumbrarme a tu ausencia".

martes, marzo 14, 2017

El corazón es lo único que no envejece

La primavera se asoma sigilosa, con miedo a que el invierno aún de su último zarpazo en la tierra y se agarre a ella resistiendose a marcharse


Aprovecho ese cielo azul, único en madrid y me deslizo por los caminos de piedra y arena de mi querido parque del retiro. A estas primeras horas de la mañana sólo hay algun corredor y alguna persona mayor a la que su médico recomendó caminar, quizás sea una de las pocas cosas que el médico no le haya prohibido.


Inspiro fuerte, como si quisiera inhalar la vida que se desprende de las ramas aún desnudas pero que ya visitan su guardaropa, sólo algún almendro  aparece vestido para la ocasión.
Allá abajo está él. Mucho tiempo hacía que no le había vuelto a ver, perdido entre una corriente de rutina y desgana, el tiempo pasa y se desliza como el agua de lluvia que se pierde en las alcantarillas.
Me siento a su lado, su mirada aún tiene ese brillo que recuerdo de los días donde nos encontrábamos en la cafeteria de la puerta del Sol, aquella mesa que me había visto sonreir al  el calor de una mirada.


- Hola - me dice con su voz profunda y serena - hace ya tiempo que no te dejas ver.
- Si, es cierto, y no tengo excusa, los días se me van sin apenas hacer nada, como si en algún momento me hubiera desenchufado y sólo estuviera encendida esa luz roja que marca que el aparato está en standby.
- Pues no es muy halagüeño lo que me cuentas
- Lo sé, pero me domina ese sentimiento, me siento viejo, siento que no  soy el que siempre quise ser, el que en el fondo creo que debería ser,  simplemente una sombra, una sombra vieja.
- ¿sabes? creo que lo peor de una persona es que se de por vencida, que se de por derrotada, cuando aún queda tanto por hacer, cuando... el  corazón es lo único que no envejece en una persona. Te contaré una historia.


Me acomodo en el banco, una ligera brisa mece las ramas, y a mi me llega un olor a salitre, a mar, a pesar de lo lejos que está, lo echo tanto de menos.


- Hace muchos años, pasé por un tiempo donde simplemente no me encontraba, no sabía que podía hacer con mi vida, me sentía como un caminante ante una bifurcación en el camino, ¿cual tomar? ¿derecha, izquierda, seguir recto?. Entonces la conocí, no la esperaba, ni ella a mi,  fue sin querer o quizás el fondo ella lo quería y yo también. Y cuando la ví supe que llevaba toda la vida esperándola sin saberlo. Era la persona que sabía cuando me tenía que decir "un te quiero", la que sabía que su silencio me hacía compañia, que sabia lo gruñón que era y sin embargo todo lo borraba con un beso y una mirada. Debería haberla atado a mi sombra, debería haberla cosido a mi corazón, debería haberla escrito, deberia haberle repetido una y mil veces lo que me hacía sentir, debería saber que el peor invento del hombre fue el reloj, debería saber que cuando algo empieza, a veces empieza para terminar.
Y me encontré un día recogiendo los pedazos de un corazón roto, mirando los montones de momentos que pasé con ella y que ya no iban a volver.
Fue entonces cuando mi padre me dijo que en la vida hay que aprender a ganar y muchas veces a perder, y nunca olvidaré cuando en un susurro, casi imperceptible de sus labios se deslizaron estas palabras " el corazón es lo único que no envejece en una persona"
Al principio no le creí, metido en mi propio duelo,  y sin embargo cada dia más despacio pero siempre volviendo a comenzar, el tiempo transcurrió , y conocí a otra persona que llenó no aquel espacio vacío sino otro, por que no hay dos amores iguales, ni nunca se quiere de igula manera.
Entonces comprendí las palabras de mi padre, " el corazón es lo único que no envejece en una persona"

Pone su mano sobre mi rodilla, me mira y me dice:

- El corazón no envejece nunca, sólo hasta que deja de latir.


Cierro los ojos y vuelvo a inspirar esa brisa dejando que inunde mis pulmones, y su fragancia abre la puerta a los recuerdos.

Cuando los abro. él ya no está, aunque aún oigo el eco de sus palabras " el corazón no envejece...."
Mientras la primavera asima su cabeza, y Madrid, mi Madrid se tiñe de su luz particular.

martes, febrero 21, 2017

Lápices de colores

Compré una caja de lápices de colores para que pintaras mi vida de color, aún sabiendo que un día te irás y que con mi lágrimas borraré tus dibujos.

martes, febrero 14, 2017

Globos

Ataré tus besos a globos de helio para que cuelguen de mi techo, asi aún podré besarte cuando tú no estes.

jueves, febrero 09, 2017

La Piel

Me aferré a tu piel como lo hace un bebe al pecho de su madre, sin saber que eras como las serpientes, y cuando mudaste de piel me dejaste tirado.